Alf atraviesa el portal

– Jajajajaja ¡Me haces cosquillas! –El Libro de las Sombras se retorcía–. Jajajajaja Prueba otra vez. Jajajajaja ¡Estás contando mentiras! –El libro leyó–: «De madrugada, Alf espera. Todos duermen en el cerrillo.» ¿De verdad era el único en vela? ¿Y cómo sabes que espera? ¡Ay! Me parece que no era el primer día que atendías a sus movimientos. ¿Desde cuándo acechas como un predador? ¿Te ruborizas?

Plumita se doblaba, cabizbaja. De pronto, hizo una pirueta y escribió furiosa:

«¿Por qué me interrumpes? En otras ocasiones no me has importunado.

– ¡Ah! La mentiras me hacen cosquillas. Yo soy el Libro de Las Sombras, pero no las alimento. Lo que se escribe en mí recibe Luz. Las mentiras la reciben con mis cosquillas para que quien lo lea vea solo garabatos. Yo soy el Libro de Las Sombras, pero también soy conocido como el Libro de las Verdades Ocultas. ¿No pensarás tú que las mentiras son verdades ocultas?

Plumita negó categóricamente.

– Me alegra saberlo, porque no lo son. Bien, rectifica y prosigue, estoy intrigado. Pero estate atenta. Ya sabes lo que ocurre.

«De madrugada, Alf espera. Todos duermen en el cerrillo. ¿Todos? Alguien lo vigila desde aquella noche en la que Zoraida tuvo pesadillas que no eran tales. Esa misma noche, Alf le dijo a Cascabel qué era aquello que llamó su atención, pero Cascabel se negó a ver lo evidente (El Pacto Sagrado). Nos acompaña el susurro de las hojas de la higuera, al que Alf no presta gran atención. Sentado erguido, sus orejas apuntan al frente, aunque sus ojos están entrecerrados. Veo un leve destello. Alf se pone alerta. Rápidamente se levanta, da un salto y… ¡Desaparece!

«Yo nunca veo el portal. De hecho, hoy es la primera vez que veo un destello. Desde que Alf diera el primer salto a…, ¿al otro lado?, se muestra más calmado y seguro de sí. Ninguno parece haberse percatado de este cambio sutil.

«Esto mismo acontece noche tras noche. No tarda en aparecer, alegre, satisfecho, feliz. Nadie lo sabe, porque todos duermen. Tampoco parecen haberse percatado de un cambio sutil en su ser, más tranquilo y afable. ¿Nadie? ¡Cascabel lo sigue! ¡Zas! ¿Dónde estaba que no lo vi aparecer hasta el último momento?

«En ocasiones, vuelve acompañado de dos figuras o seres que no sé describir…

– Jajajajaja

«… porque apenas se veía y nunca las vi a la luz del sol.

– Jajajajaja ¡Ay, qué risa! ¡No te enfades, no es para tanto! Continúa.

«Juegan juntos, pero también dan lecciones al podenco. No siempre las recibe de buen grado, es verdad, y aunque se enfada, no deja de acudir a la cita, por así decirlo, al otro lado. Bueno, alguna vez, se hace el remolón, fingiéndose más enfadado de lo que realmente está. En estas ocasiones vuelve aún más feliz, más iluminado.

«No puedo decir mucho más. Es un hecho que el cerrillo está cambiando. El velo mágico es cada vez más luminoso y esto solo presagia grandes y buenas cosas. El cerrillo ha permanecido en tinieblas mucho tiempo. La niebla lo cubría casi permanentemente. La llegada de cada uno de los habitantes ha contribuido a disiparla.

«¡Ay! Suspiro de gozo. Todos ellos realizan proezas: Zoraida viaja en sueños a otros mundos, Azahara viaja al arcoíris, antes sobre Plumita, es decir sobre mí, ahora vuela con sus propias alas, Cascabel… ¡Cascabel viaja con el sonido que él mismo produce! Le asusta lo que hacen los otros, y casi podría afirmar que su prodigio es el mayor de todos. Pero sí. Hay una explicación para que cada uno se asuste de lo que hace el otro. Integración. Precisan integrar plenamente sus habilidades para poder integrarse en el conjunto con las habilidades de los otros.

«En cualquier caso, la luz es cada vez más clara y diáfana. Incluso yo me veo diferente, lo que me hace sentir diferente. Y porque me siento diferente, me veo diferente. ¿Parece un galimatías?

«¡Ya están aquí! Vienen riendo, haciéndose carantoñas, felices. Se acurrucan y se duermen al momento, plácidos. Sus risas y el sonido de Cascabel han pasado inadvertidos. Mañana espero poderme acercar más y saltar también.

– ¡Ejem! No has mencionado tu proeza. No sé a qué vienen tantos remilgos. ¡Bah! ¡La diré yo! Vuela Plumita como gorrión y como águila, aún siendo una única pluma. Admira las proezas de los demás, pudiendo ella también atravesar umbrales a otros planos. Su color verde es espectacular, pertenece a un ave hermoso, un guacamayo. Tiene larga trayectoria, perteneció a una sacerdotisa maya y realizó trazos hermosos en las manos de un escritor famoso. ¡Ah! No olvides poner tu firma, no me dejes este “capítulo sin numerar”. Así me gusta, con la misma convicción que en “Creatividad y la bruja”. ¡Muchas gracias!

Plumita

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