Alf, nuestro perro adoptado

En la higuera tenemos un perro adoptado. Se llama Alf. Es un podenco andaluz de pelo corto canela y blanco con una mirada tan dulce que recuerda la miel. Es nuestro melocotón en almíbar, nuestro caramelo de toffee. Independiente, testarudo, inquieto, vivaz, inteligente, truhán, un ladrón de corazones. Es también tierno, juguetón, agradecido. Modales salvajes, fuera de la norma social.

En el nido estamos todas las féminas enamoradas, incluso la higuera. Cascabel tiene con él más rifirrafes, pero se le cae la baba. Actualmente tiene aproximadamente dos años y medio de edad y con nosotros lleva casi dos. Aunque en términos veterinarios es considerado un adulto, su comportamiento asemeja mucho más al de un adolescente, a ratos cachorro, a ratos adulto. Esfinge egipcia, cual Anubis, muestra en su faz y ademanes al zorro, al lobo, al chacal, al cervato, incluso al gorrín cuando juega. Con las orejas gachas, la trufa asoma como morro de cochinillo y, no contento con ésto, gruñe haciendo “oinc-oinc”.

Su sonrisa es feroz, muestra la dentadura de inicio a final, con esa contracción muscular facial que enseña colmillos imponentes, además de una mandíbula potente. Entiendo que Caperucita Roja se asustara cuando le salió el lobo al encuentro y le sonrió. Ella era una niña a la que le habían ido con el cuento de que el lobo es malo. Yo soy mujer que sabe que el lobo ataca sólo si se siente amenazado. Así, cuando me sonrió la primera vez, tras un segundo de perplejidad, continué los juegos con él, si cabe más contenta que él.

Necesita abrazos como un niño pequeño, aunque en ocasiones, se aparta arisco, “oye, que ya soy mayor”. Y aunque no aciertas a ver qué compañeros, de la especie que sea, puedan burlarse de él, te aguantas las ganas de darle un abrazo y respetas su alma gatuna, deseando fervientemente que no tarde en venir a tu lado a pedírtelo. Me confieso, necesito más que él esos momentos de carantoñas, que estoy segura le parecen ñoñerías. Me las tolera, unas veces más y otras menos. Lo sé porque cuando sobrepaso el cupo, me hace una advertencia: lanza una dentellada.

Sí, tiene alma de gato. Él va y viene a su antojo, se pasa el día correteando alrededor de la higuera, disfruta persiguiendo lagartijas con las que juega a la caza y a las que acaba matando y no devorando. Nos vigila en la distancia y a veces se acerca con disimulo, fingiendo perseguir gamusinos, rozando la pierna.

Es un fantástico jardinero, si bien la delicadeza no es su fuerte. A veces encontramos escabechinas ante las que la primera reacción es llevarse las manos a la cabeza. ¿La segunda?, darle la razón más que a un santo, porque ha saneado algo que aparentemente estaba bien.

Perro adoptado, según la ley

Como resultado de que él nos hubiera adoptado antes. Se presentó en la higuera, huyendo del maltrato porque se sabía merecedor de una vida mejor. En menos de doce horas, de las cuales aproximadamente ocho las pasamos durmiendo, nos robó el corazón.

Nació para ser amado, recibir amor, y decidió que en la higuera tenía su hogar y que todos los que allí habitamos somos su manada. No se equivocó, aunque todo hay que decir, nos costó mucho amarlo de verdad. Estábamos en duelo por la muerte de nuestra gata (ella también nos adoptó) y, a pesar del cariño que se despertó y la ternura, el amor se instaló despacio, penetrando suavemente como la llovizna en la tierra seca. Pasó diez días en la perrera, llamábamos para preguntar por él y fuimos a visitarlo dos veces antes de llevarlo a casa definitivamente. Nosotros contentos y él ni te cuento.

Una vocecita impertinente se instalaba en nuestra oreja silbando “¿Qué haces? ¿No decías que querías tranquilidad?” y otra en la oreja perruna “¿Estás seguro de que aquí estás a salvo? Mira que…”

Alf todavía tiene secuelas, que poco a poco, muy poco a poco, van mitigando. No sabemos si algún día tendrá confianza total en que aquí tiene su manada, pase lo que pase y pase quien pase por aquí. Por lo pronto, va convenciéndose de que el palo de la escoba se utiliza sólo para barrer y si alguna vez nos provoca, para comprobarlo, no le queda otra que desquitarse con las hierbas de alrededor, donde hace una labor maravillosa y nos encargamos de que lo sepa. También hemos aprendido a premiarle su presas, no en vano es cazador.

El exterior es reflejo del interior

Aceptando esta premisa, me pregunto: ¿qué ha venido a mostrar?

Su parecido con Anubis, dios egipcio de la momificación cuyo cometido era guiar al muerto en el Más Allá, iluminándolo con la luna, abría el camino del Norte (dirección relacionada con la enseñanza, la abundancia, el equilibrio, la sabiduría y los conocimientos sagrados, la amabilidad, el agradecimiento, recurrir a los tesoros interiores, la intuición empática, la confianza y la alquimia; se asocia al elemento Tierra). Anubis era el responsable de la evisceración del muerto, y considerado personificación del solsticio de verano.

Se presentó en casa desde la dirección Este, dirección relacionada con la sanación, la creatividad, la iluminación, la adivinación e intuición, el nuevo nacimiento y alegría, los nuevos aprendizajes, la fuerza de voluntad, la comunicación y la expresión de lo nuevo; se asocia al elemento Aire.

Es de color marrón (Arraigo, nuevo crecimiento/Falta de discriminación) y blanco (Pureza, compartir, verdad/Disperso, desbordado).

Es nuestro único perro: Principio, originalidad, líder/Arrogancia, dominación.

Huyó del maltrato buscando algo mejor. Y sufre de trastornos digestivos, ¿qué resulta difícil digerir?

Todo esto me lleva a la conclusión de que efectivamente…

Nada de lo que nos rodea es banal, todo tiene un significado, algo que mostrar.

Alf realmente me acompaña al Norte, me ayuda a tomar tierra, a mí que me cuesta tanto moverme con mi cuerpo, me ha llevado a tomar conciencia de mi esencia álmica. Vino del Este para mostrarme que había dejado la alegría, la creatividad -¡mira que me lo advirtieron!-, que debía arraigarme y abandonar la dispersión a favor de un nuevo crecimiento relacionado con la intuición, la comunicación, la abundancia, la confianza, el agradecimiento y mis tesoros interiores. Estaba dispersa, dando tumbos. Aún peor, temiendo centrarme en mi centro, en lo que yo soy. Me sentía maltratada por la vida jajaja ¡Yo era quien me maltrataba! al no prestar atención a mis dones y darles el uso que merecían.

Gracias, Alf, por esta información tan valiosa para mí, por recordarme que debo ir hacia mis sueños. Del punto A al B. Y de que debo fluir con la vida, confiando. Todo está como debe estar.

Zoraida Azahara

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