Brota una extraña flor en el cerrillo

“¡Revolución! ¡Revolución!” Los gritos exaltados de los airados habitantes en la plaza lo despertaron sobresaltado.

Faltándole el aire, temblándole las piernas y palpitándole el corazón como un potro desbocado, el pequeño se apoyó en el tronco del único árbol en aquel cerrillo. Rompió a llorar preso de la angustia y del pánico, regando el suelo con sus lagrimones.

De pronto, la tierra comenzó a moverse. Un brote asomaba, creciendo a rapidez vertiginosa. Del tallo con dos hojas apareció un capullo que comenzó a abrirse mostrando unos colores nunca vistos. La flor multicolor se sacudió mostrando toda su belleza y saludó pizpireta.

– ¡Hola! Me llamo Arola. ¿Qué te pasa?

El niño le narró lo que sucedía y cómo había salido corriendo de casa sin mirar atrás.

– ¡Has hecho bien en venir aquí! –dijo sacando sus raíces de la tierra– ¡Dame la mano!

El pequeño rió ante aquella flor tan resuelta que en un pestañeo se presentó con deportivas color rosa y una maleta transparente llena de flores.

En lo alto de un tejado, Arola fruncía el ceño y sacudía sus pétalos con desaprobación viendo las majaderías que realizaban los habitantes del lugar. Dio una patada y las deportivas se convirtieron en patines propulsados. Deslizándose por el aire a gran velocidad y muy elegantemente, arrojó flores a través de las chimeneas y de todas las ventanas y puertas abiertas. La maleta, por extraño que pudiera parecer, no se vaciaba, pero lo más extraordinario de todo eran las palabras amables y risas que comenzaban a escucharse al entrar las flores en los hogares.

Arola acompañó al niño a su casa y lo arropó poniéndole flores en forma de corazón sobre el pecho. Por la mañana, lo despertó la alegre algarabía de los vecinos en la plaza proponiendo soluciones para el bien común en lugar de amenazarse con el puño en alto.

– ¡Uf! Menos mal que fue una pesadilla.

Al vestirse, cayó del pijama una flor. La miró con incredulidad y entonces recordó a la extraña flor. “¡Arola!” En el reflejo del vaso de agua, una flor multicolor sonriente lo saludó sacudiendo una de sus hojas y le guiñó un ojo, desapareciendo al instante.

Arola

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