Bruja y caldero es puro cuento

– Soy bruja, ¿te asusta?

– Sí -respondía siempre temblando.

Me cubría con las sábanas hasta la coronilla. Veía sombras diabólicas y aparecía esa voz que, a pesar de su dulzura y fuerza, me aterraba. Tal vez fuera esa misma fortaleza que mostraba la que me asustaba. Después desaparecía, pero es mismo diálogo interior se repitió por mucho tiempo.

Brujas pirujas con escobas y verrugas

Prefería dejarlas en los cuentos, pero siempre las buscaba. Buscaba brujas simpáticas, agradables. No me gustaba nada el estereotipo. Algo me molestaba muy profundo.

¡Qué deformada y tergiversada información tenemos acerca de lo que es ser bruja!

Me atraían las brujas, sin saber bien porqué y a pesar de no entender ese empeño en hacerlas volar en escoba, con vestidos negros y caras deformadas con grandes narices, barbillas sobresalientes y verrugas enormes.

Sentarme en el suelo, sobre la tierra, y crear coronas de flores con las que adornar mi cabeza o coger unas florecillas y sujetarlas al cabello, pasear mirando embelesada cómo crecen las plantas y se abren las flores, abrazarme a los árboles… Eso me hacía sentir bruja.

Me gustan las brujas coquetas, de alegres vestidos, contrarios a la moda, peinados al viento (no existe mejor peluquero), con escobas mágicas, sí, pero no porque vuelen sino porque barren pensamientos y energías densas contrarias a una. Son expertas en pociones, claro, porque conocen bien la Naturaleza y saben emplear todo lo que ella ofrece en beneficio propio y de los demás: infusiones, esencias, lociones cosméticas, jarabes, emplastos… Aligeran el alma y te acercan al espíritu mientras alivian dolencias varias…, incluso la tos.

Yo me sabía bruja a pesar de no saber cuáles eran mis dones. ¡Ay! los había escondido tan bien debajo de la alfombra que los creí ausentes, pero no, ahí estaban, llenos de porquería, pero estaban.

Experiencia escalofriante

La primera vez que tuve la certeza de ser bruja fue cuando tomando baños de vapor sobre una estufa eléctrica y envuelta en una sábana, ésta prendió. Las llamas emergieron con una muchedumbre que gritaba, a mí. Ya no estaba en el baño de mi casa sino en una hoguera. Estaba siendo quemada viva. Mis gritos alertaron a mi madre que no entendía a qué venía tanto escándalo por una pequeña llama. Pero mis gritos venían de otra realidad, de un pasado mío, de otra vida con final poco feliz.

Después de esta experiencia hubo otras, pero mis dones seguían ocultos bajo una buena capa de porquería. Han hecho falta varias sesiones de limpieza para que luzcan un poco. Todavía queda para que reluzcan.

El instrumento mágico por excelencia de la bruja es ¡el caldero!

Pero, ¿qué es una bruja? Una mujer sabia. Una mujer que reconoce su poder y utiliza sus dones; libre, independiente, autosuficiente; creadora y creativa. ¿Esto es lo que asusta? A mi sí. Llegué a creer que era boba, así que todo esto era inalcanzable para mi. Además, lo del caldero…

Algo en mi se rebelaba, mi sangre me decía ser sagrada, pero algo estaba roto porque todo a mi alrededor la mostraba sucia, tabú, para colmo de males el dolor era insoportable. Así que lo del caldero… ¡puro cuento!

Me ha llevado mucho tiempo reconocerme, reconocer todo lo que soy; reconocer las energías femenina y masculina que soy; reconocer a mis abuelas y abuelos en mí; aceptar que soy perfecta tal y como soy; reconocer que mi centro de poder está en mi caldero, en mi útero; admitir que soy una creación perfecta y que mi estado natural es la salud, la alegría, la compasión, el goce, la abundancia; reconocer que yo elijo si vibrar en un polo u otro; asumir mi responsabilidad como creadora que soy; reconocer la voz de mi corazón por encima de la razón y descubrir que los sentimientos llegan más lejos que los pensamientos, aunque estos afecten a los sentimientos y puedan organizar un desastre; reconocer que tengo el poder de modificar el patrón de mi pensamiento y someterlo al patrón de mi corazón.

Mi estado natural es el amor y sólo vibrando en el amor soy capaz de ser quien soy. Y mi caldero ¡es sagrado! Ya no busco brujas porque mi bruja ha sido reconocida y estoy empezando a transitar el arquetipo de la bruja.

Zoraida

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