Carta de Pedagogra 2

Querida chiribita:

Me dirijo a ti que creces en el cerrillo y a ti que te asomas a este lado del velo.

Soy Pedagogra, un ave que también se asoma por aquí de vez en cuando. Hace tiempo que me tentó esta rama, Educación para ser feliz. Hoy cuelgo en ella mi transformación interior.

Soy un ejemplar extraño y sigo siendo un ejemplar extraño. Pero hoy conozco mejor las piezas que me conforman y su engranaje, sé cómo hacer que lo que yo soy brille. Soy un ser encarnado y, por tanto, imperfecto, de ahí que no siempre brille y que, en ocasiones, olvide lo que yo soy. Pero he aprendido a ser feliz, he aprendido a aprender cosas nuevas que me benefician y que me iluminan.

Hoy cuelgo en Educación para ser feliz mi transformación porque tú puedes educarte para ser feliz. Tú puedes aprender a aprender a ser feliz. Quiero que entiendas que puedes transformarte, puedes conocer tus reacciones y puedes también transformarlas; todo ello para poder accionar desde tu luz interior. ¿Entiendes, chiribita? Espero que las palabras que siguen a continuación ayuden a este propósito.

Te aseguro que hoy mis reacciones son… de otra manera. Sí, tantos años en la escuela reglada me habían dejado un sabor de boca…, digamos, peculiar. Lo peor es que oía hablar de educación y me encendía como una cerilla, el fuego se movilizaba en mi cuerpo y mi alma de dragón escupía llamaradas. Esto lo sabe bien la higuera, que sufrió una de mis reacciones. Y si la conversación proseguía… ¡uf!

Tengo licenciatura en Ciencias de la Educación, especialidad en Organización y Dirección de Centros Educativos, pero no he cursado Magisterio. Traducido: pura teoría, o lo que es lo mismo, teoría 100%. No he estado en el lugar en el que se cocina la educación como cocinera sino como comensal que, a base de comer, aprende a cocinar, ¿tiene sentido? ¡Qué indigestión!

Vi en la educación todo lo negativo. Posteriormente tuve algunas experiencias docentes y todas ellas me chamuscaron jajajaja Hoy me permito el lujo de reírme. A pesar de los malos tragos, de la bilis regurgitada, del dolor de panza, hay que decir que fueron experiencias útiles para mí. En verdad, fueron el camino que debía seguir para encontrar el verdadero.

Apareció por causalidad un curso (después se sucedieron otros). Lo mejor de este curso fue la reconciliación con la educación; ver lo positivo que hay en ella, descubrir que hay gente hoy día que se preocupa por las personas, holísticamente hablando, y no por la acumulación de contenidos.

¡Cómo hubiera disfrutado mi infanta Pedagogra con este tipo de enseñanza! ¡Cuántas amarguras y frustraciones me habría evitado!… Sin embargo, fueron el camino que debía seguir para encontrar el verdadero.

No fue fácil dar la vuelta a la tortilla y abandonar las cerillas, esas que prendía tan fácilmente. Estas cerillas eran creencias limitantes que procedían de vidas pasadas, del árbol familiar y de mi infancia. Leído así puede parecer que tenía un saco repleto, a lo mejor sí, a lo mejor no. Basta que fueran una o tres y que estas una o tres fueran reforzadas por todos los flancos, resultando ser una o tres bolas de plomo en el saco, resultando este muy pesado.

Sin embargo, siempre que se retoma la senda correcta aparecen las sincronicidades. Estas son como flores en el camino, te alegran la vista, el olfato y el alma, animándote a proseguir por el camino elegido con más alegría.

Y la creatividad, presente desde que se apareciera en el caldero, adquirió una nueva dimensión. Dejó de ser algo exclusivo de artistas, escrita en chiquito, y pasó a ser una faceta extraordinaria del ser humano, y de mí misma, escrita en mayúsculas, con caracteres resplandecientes iluminados por millones de estrellas. No en vano, vino vestida de gala.

Descubrí (leí mucho) que mis creencias contribuyen a crear mi realidad. Y lo comprobé: “Creer para ver. Creer para crear.” Integra estas frases en tu ser y tu vida será otra, chiribita.

La visión, la idea, impulsa la creación (¡Qué sabias palabras las de Alf!). El aire en el pensamiento hace volar hacia la tierra de la manifestación. Creer para ver es real. Desplazarse un grado es suficiente para cambiar de destino, no hace falta hacer giros de 180º, bastó un solo grado para sentir mi realidad subjetiva de otra manera, para percibir mi realidad objetiva externa diferente.

La creencia da forma a la percepción y crea la realidad subjetiva, esa realidad interior que atrae y manifiesta la realidad exterior. Ambas se buscan, ambas se atraen.

Si creo que la vida es una continua sucesión de dificultades, disgustos, encuentros con gente ejem… En fin, que la vida y el mundo son una porquería, ¿adivina qué? ¡Así será la realidad que voy a vivir! Yo me creí que la educación y todo lo que tenía relación con ella era nefasto y me creé esta realidad infernal subjetiva. Y por ende, creé esa misma realidad objetiva exterior: malas experiencias educativas y pensamientos negativos que se retroalimentaban. Las creencias funcionan como un imán, por lo que atraemos esa realidad que es coherente con la creencia.

La vida busca la coherencia entre nuestro mundo interior y nuestro mundo exterior. Realizamos muchas acciones de manera inconsciente que generan una realidad externa coherente con nuestra realidad interior, es decir, con nuestra creencia.

Claro, dirás, el exterior es un reflejo del interior. En cierta forma, así es. He aquí una pista clave: si lo que veo/percibo del exterior me duele, me reviso, porque hay algo a sanar en mi, puede ser una herida de la infancia, del árbol familiar o de una vida pasada. En resumen, una creencia a transmutar.

Los sentidos a veces nos engañan. Esto se debe a que la creencia afecta a la manera en que me veo a mí misma y a como percibo el entorno. Mi creencia acerca de mí y de mi entorno, y mis comportamientos van a ser consistentes con la creencia. De ahí que mis creencias afectan a lo que veo. Mi energía determina lo que sucede en mi vida, inconscientemente.

Por esta razón, cuando quiero ver materializado algo en mi vida o cuando me enfrento a problemas y dificultades, antes de realizar cualquier acción externa, reviso mis creencias al respecto, cómo estoy vibrando, porque si van en contra de lo que quiero lograr me encontraré sufriendo bloqueos y autosabotajes.

No es fácil detectar estas creencias, estos patrones que limitan, que encorsetan, que pesan. Esta es una labor minuciosa, que requiere dedicación y amor.

Integra esto, chiribita, este círculo se alimenta a sí mismo: creencia-pensamiento-emoción-acción-resultado-creencia. La actitud es la respuesta emocional habitual ante las circunstancias.

Aprendo a cambiar la actitud. Aprendo a vivir con alegría, a disfrutar del momento, a soñar, a realizar aquello que ilusiona mi alma. Aprendo a elevar mi energía. Aprendo a transmutar las creencias que me limitan y me mantienen paralizada en el miedo. Aprendo a hacer uso de la capacidad y la posibilidad de cambiar lo que me está sucediendo. Aprendo a accionar en lugar de reaccionar. Aprendo a cuidarme, a tenerme en estima. Aprendo a abrirme a recibir, al merecimiento. Aprendo a cambiar mi mentalidad porque el universo es mente (El Kybalion, enlace a audiolibro).

Con amor infinito,

Pedagogra, alma de dragón tranquilo

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