Doroteo, el duende de los zapatos rojos

Un fino hilo curvo plateado y algunos diminutos puntos de luz es todo lo que se ve entre las nubes densas que abarcan casi toda la bóveda celeste. Tampoco en el cerrillo se vislumbra mucho más. Alf ha alzado la trufa ante un olor desconocido. Gruñe contrariado. Recuesta la cabeza cerrando los ojos y aguzando las orejas. Apenas unos instantes después, en su pantalla mental, un relámpago de luz blanquecina le hace alzarse rápido. Leer más

Un pie derecho saltarín

Un pie derecho se mueve a saltos alrededor de la higuera. Alf lo vigila de lejos, agazapado tras unos arbustos. Es ya mediodía y el pie no para de moverse entorno al árbol desnudo con movimientos aleatorios. Finalmente decide acercarse. Tiene en cuenta la dirección del aire, quiere llegar ante él sin ser delatado. Se mueve sigiloso como un gato, parándose y acechando al pie, que no se está quieto más de un segundo, como si el suelo le quemase. Da un brinco, pero el pie escapa. No ha logrado tocarlo siquiera. Lo persigue con más tenacidad. La caza ya ha sido declarada. Corre tras el pie, salta sobre él, zigzaguea, derrapa, se agazapa, brinca. El pie escapa siempre ileso, es un magnífico saltarín. E incansable. Alf, por el contrario, ya jadea, pero no cede, está dispuesto a atraparlo. ´Leer más