Enojo como vía para la solución

Llueve en el cerrillo y sus moradores están bajo cobijo. De manera improvisada, actuando sin ningún atisbo de razón, se han reunido en el hogar de Cascabel, de tintineos mucho más brillantes desde que regresó.

Alf está de mal humor, no le agrada la lluvia. Podría aprovechar para dormir largo y tendido, algo que realiza cuando se sabe solo, sin nadie que lo observe. Sin embargo, cuando está acompañado, se siente en la obligación de estar activo y vive en una contradicción tan incómoda e irresoluble que le obliga a permanecer cien veces más alerta que si estuviera correteando por el cerrillo de acá para allá sin descanso. Ha entrado en casa de Cascabel con las orejas gachas, el hocico hinchado y, también, aliviado, aunque sus gruñidos desde el quicio de la puerta, digan lo contrario.

Zoraida pía y gorjea, Alf la mira de reojo y gruñe, y el Libro de las Sombras ruge como un león. El podenco alza la cabeza con las orejas bien tiesas y mira el libro apoyado en el regazo de Azahara. Parece tan relajado, pero ese rugido… Todos ríen y él, algo contrariado, se echa en el suelo exhalando un bufido, sin comprender qué les hace tanta gracia. Gruñe con fastidio cuando Plumita le acaricia el hocico al ser arrastrada por una corriente de aire. El Libro de las Sombras ruge de nuevo. El podenco se yergue y se encara al libro. Azahara brilla como un luciérnaga, el libro abierto se muestra amenazador y Alf ladra como un poseso ante las fauces de aquel monstruoso ser que ruge tan fuerte o más que él. La higuera se estremece y el hogar de Cascabel se sacude. Las ondas sonoras tienen la fuerza de un terremoto. Plumita, ante una nueva corriente de aire electrificante, se eleva por la estancia realizando piruetas. Su vuelo desprende destellos, chispas fulgurantes, que acaparan las miradas. El libro se abre relajado y Plumita, con vigor eléctrico, escribe con frenesí. Sus trazos relajan más y más a cada uno de los presentes, de manera especial a Alf. Cuando concluye se posa ligera y delicada sobre las páginas recién escritas, y el hada, antes de que nadie se lo pida, gira el libro y lee en voz alta.

El enojo debe producir algo creativo. El enojo ya no ha de ser utilizado para alimentar enemistades, odios, rencillas o miedos. El enojo es instrumento que sirve para dar solución a lo que hasta este momento ha sido considerado un enemigo a combatir. El enojo sirve para hallar la solución.

Cuando te enfades, respira. Quiero que pares, que tomes conciencia de tu respiración y observes cómo entra el aire: si entra suave y ligero o si entra a golpes; si entra llenando tu caja torácica o si apenas pasa de la garganta.

En ese tiempo de pausa con conciencia en tu cuerpo, quiero que te preguntes por la causa. Solo tienes que formular la pregunta y seguir en ese estado de observación consciente de tu respiración. No esperes respuesta inmediata. Ya formulaste tu pregunta, sabes que la respuesta llegará. Así que solo te ocupas de respirar y sentir el aire entrando por tu nariz, inflando tu pecho y el abdomen. Te das cuenta de que el enojo no te ha dominado. Esta vez es una visita y no un huésped inoportuno.

Abres los ojos y compruebas que puedes proseguir con tus actividades de la manera habitual. Es posible que el enojo siga presente en algún lugar dentro de ti, pero es una ligera molestia que en cada respiración va siendo aliviada. A lo mejor, o tal vez no, ya tienes la respuesta a tu pregunta.

Hoy has descubierto que tú eres más fuerte que el enojo y dedicas una palabra amable o gesto a la situación o persona que originó el enojo. Todo prosigue de la mejor manera para ti. Sonríe.

Enojo que entró por la puerta y salió por la chimenea

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