Honra tu cuerpo y tus alimentos

Tengo en mis manos un objeto mágico, un péndulo muy especial, Chaga. Me lo ha regalado Cascabel por mi cumpleaños. Tiene mucha fuerza, me hace vibrar como a la higuera. ¡Hala! ¡Me está hablando Gaia! ¡Espera un momento, por favor! ¡Qué bien! Azahara ha dejado su pluma aquí. ¡Se la cojo prestada!

“Soy vieja y aún joven. Me renuevo constantemente a través de mis ciclos. Así tú, hija mía, debes hacerlo también. Tu cuerpo es templo sagrado. En él albergas una hermosa y sincronizada maquinaria. Deja que hable así, maquinaria. Perfecta, compleja. Nada en él hay de más y nada le falta. Vela por proporcionarle alimento sano, no sólo comestible.

Honra a quien te da de comer, puesto que entrará a formar parte de ti. En primera y última esencia: energía. Todo forma parte del Todo. Todos formamos parte del Todo. Honra  a quien te da de comer: planta, animal y persona, aquella que trabaja en el campo, aquella que trabaja en el mar, aquella que te vende lo que necesitas.

La energía es una cadena de eslabones irrompibles. Si un eslabón no es honrado se ensucia y su mugre se extiende, se prolonga por la cadena, contaminando al resto. Si es venerado, reluce y su brillo hace resplandecer a los demás.

¿Veganismo? ¿Vegetarianismo? ¿Omnívoro?

Vuelvo a decirte: honra lo que comes, no sólo en tu plato. Antes”.

– ¿Dónde está mi pluma? ¡¡Zoraida!! ¿Dónde está esta chiquilla traviesa? ¡Tengo que salir de viaje! ¡Ven rápido!

– ¡Vooooy!

– Devuélvesela, hablaremos en más ocasiones.

– ¡Gracias, Gaia!

Zoraida

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