Las palabras se las lleva el viento, ¿o no?

Palabra y Aire van asociados, como hermanos. Ambos ligeros, sin peso, pero contundentes. La palabra, como el aire, puede ser brisa o huracán.

Cada vez que oía la expresión “Las palabras se las lleva el viento” pensaba Pues a mí me duelen. Y tanto que dolían, algunas me enfermaron. Escribir me liberó de su veneno cancerígeno y el veneno se convirtió en medicina. Las palabras escritas fueron mis alas.

La palabra es un instrumento de magia, un don con el que podemos expresar nuestros deseos, inquietudes, anhelos, sueños, decepciones, enfados, ideas. Es el instrumento a través del cual verbalizamos lo que nos pasa por la mente, las sensaciones que percibimos, las emociones que nos suscitan, los sentimientos o afectos que profesamos. Un instrumento con el que construimos, creamos, moldeamos, enriquecemos o empobrecemos nuestra realidad. La nuestra. Al margen del entorno.

Somos lo que comemos… ¡y lo que pensamos!

¿Cómo es ese parloteo que tienes continuamente contigo? ¿Es como hablar con alguien afín, que te respeta y te mima, dulce y cálido? ¿Te ayuda a disfrutar del presente, sea cual sea? ¿O es un personaje ingrato, malhablado, denigrante, faltón? ¿Te distrae con el pasado, con el futuro y con hipótesis varias? Tal como sea tu diálogo interior será el externo. Si tu lenguaje es impecable contigo, lo será con los demás, es inevitable.

Ya en sociedad, fuera de tus muros, ¡qué importante es hablar bien! Una palabra errónea o en lugar equivocado y el mensaje cambia, surgen malentendidos.

Y la voz, la entonación, la música que acompaña a las palabras… Esto da a entender muchas más cosas que los conceptos que las representan. Estas entonaciones, indicios musicales, con sus cadencias y puntos culminantes, añaden valor a las palabras, valor emocional. Así descubrimos qué hay más allá, la verdad escondida tras las palabras.

No olvidemos los gestos, la acción que imprimimos al pronunciarlas… Ellos también dan pistas para encontrar la verdad oculta.

Impecabilidad y gratitud

Podemos modular la voz y camuflar lo que deseamos no se descubra. Podemos ser expertos en esta lid. Sin embargo, los gestos, esos leves movimientos inconscientes con los ojos, o las manos… ¡Ah! Estos nos delatan ante un buen observador.

Tan importante es la impecabilidad en el hablar como saber escuchar y observar. Practicar la escucha activa como observador, empezando por nosotros mismos, es el primer paso para el cambio.

La palabra GRACIAS es la más poderosa de las palabras, tiene el poder de cambiar la energía, transformando el paisaje agreste en un lugar hermoso. Nos ancla al momento presente. Gratitud ante la Vida, sea lo que sea que nos brinde en el camino, porque…

Tú tienes la capacidad para elegir la actitud ante las circunstancias.

Esto me quedó bien grabado cuando leí el libro de Victor Frankl, El hombre en busca de sentido. Sí, es difícil romper patrones de conducta, pero no es imposible. Cuando, además, te das cuenta de que tu interior se proyecta en el exterior, no puedes hacerte ni ciego, ni sordo, ni mudo. Así, toca reflexionar y ponerse manos a la obra para modificar lo que no nos gusta de nosotros mismos y ver cómo cambia el exterior. Tan sólo hay que buscar la corriente de aire adecuada sobre la que viajar.

 

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