Érase una vez…

… Es… el AMOR.

Existe un lugar en el que la Magia está en la punta de los dedos, de la nariz, de los cabellos, en la mirada, en cada poro de la piel.

Todos los habitantes tienen la capacidad de modificar lo que no les gusta en la realidad para convertirlo en algo bondadoso y útil para los demás. Saben que lo que no les gusta tiene su origen en ellos mismos, así que en vez de lamentarse, protestar,… usan la Magia.

No requiere de nada extraordinario, ni fórmulas secretas, ni conjuros, ni pociones… Es tan sencilla como esencial.

La puerta para acceder al empleo de la Magia está en el corazón. Allí reside todo lo necesario para obrar el mejor de los encantamientos… el AMOR.

Atravesado el umbral, se transita por la sala del corazón para enchufarse en el AMOR INCONDICIONAL. Cuando uno se siente cargado, e incluso iluminado, se dirige sin prisa a la garganta donde le espera una gran fogata en la que verter los desperdicios, si los hay, y medita.

La meditación es libre, no hay manual de instrucciones porque todos saben atender a la intuición.

Cuando uno se siente en plena sintonía con el origen de todo, obra su Magia. Sus palabras se convierten en palabras mágicas. En ellas hay poder en su significado, también en la modulación y en los gestos. Todo lo que las acompaña está cargado de Magia… de AMOR.

Es así como los lugareños sonríen siempre, porque las palabras hacen cosquillas hasta el infinito.

Zoraida Azahara