Un ratón volador llamado Sonrisa

Sube por el cerrillo con paso irregular, la mirada dirigida al suelo. Al ver las raíces sobresalientes de la higuera se detiene y mira el árbol de arriba a abajo. Se muerde los labios y, tras dudar unos instantes, se sienta con descuido, sacándose el bolso bandolera que la despeina. Por primera vez mira sin ver en derredor con un mohín indescifrable. Extrae del bolso sin miramientos un cuaderno en el que garabatea sin alzar la vista. El ruido del lápiz friccionado contra el papel y sus soplidos parecen gritar auxilio. Leer más

Brota una extraña flor en el cerrillo

“¡Revolución! ¡Revolución!” Los gritos exaltados de los airados habitantes en la plaza lo despertaron sobresaltado.

Faltándole el aire, temblándole las piernas y palpitándole el corazón como un potro desbocado, el pequeño se apoyó en el tronco del único árbol en aquel cerrillo. Rompió a llorar preso de la angustia y del pánico, regando el suelo con sus lagrimones. Leer más

Alf atraviesa el portal

– Jajajajaja ¡Me haces cosquillas! –El Libro de las Sombras se retorcía–. Jajajajaja Prueba otra vez. Jajajajaja ¡Estás contando mentiras! –El libro leyó–: «De madrugada, Alf espera. Todos duermen en el cerrillo.» ¿De verdad era el único en vela? ¿Y cómo sabes que espera? ¡Ay! Me parece que no era el primer día que atendías a sus movimientos. ¿Desde cuándo acechas como un predador? ¿Te ruborizas? Leer más

Creatividad y la bruja

Plumita se acercó sigilosa al Libro de Las Sombras. Doblándose delicadamente sobre su cerradura, el libro se abrió. Plumita parecía bailar sobre sus páginas. Se movía con ligereza y presteza. Tanta que escribió lo que sigue en lo que Cascabel abría la boca para bostezar. El libro se cerró a la par que la boca del duende y nadie supo que Plumita escribió un cuento todo suyo durante aquel bostezo que fue más breve de cuanto pueda parecer. Leer más