Doroteo, el duende de los zapatos rojos

Un fino hilo curvo plateado y algunos diminutos puntos de luz es todo lo que se ve entre las nubes densas que abarcan casi toda la bóveda celeste. Tampoco en el cerrillo se vislumbra mucho más. Alf ha alzado la trufa ante un olor desconocido. Gruñe contrariado. Recuesta la cabeza cerrando los ojos y aguzando las orejas. Apenas unos instantes después, en su pantalla mental, un relámpago de luz blanquecina le hace alzarse rápido. Leer más