Toma de conciencia para discernir tu esencia

Nubes, lluvia y vendaval mantienen a los moradores del cerrillo en sus guaridas, al reparo, acurrucados, dándose un descanso para darse tiempo a sí mismos.

“Toma de conciencia para discernir tu esencia”, dice la voz de Gaia.
Los latidos se han ralentizado pero muestran su fuerza en cada latido.
El bombeo del corazón lento y fuerte se adueña del espacio haciéndose sentir en cada parte del cuerpo.
El latido rítmico y pausado aquieta la mente.
Una calma paulatina se establece en el ser y el latido rítmico acompaña a una voz.
Una voz queda, apenas audible, que va cogiendo vigor a medida que el ritmo regular del latido va expandiéndose por el ser.
“Escucha, presta atención a estas notas –susurra Gaia–. Es tu voz, la voz de tu alma, tu melodía, tu canto”.
Cuando la mente se calma y surge la melodía, apenas audible, el ser la reconoce.
Algo familiar en ella llama su atención y al darle escucha, la voz va tomando fuerza.
Con el ritmo regular del corazón, comienza a resonar por el ser.
La melodía vibra por y en cada átomo.
Se propaga hacia el infinito.
En esta resonancia, el ser toma conciencia de su esencia.
Puede discernir aquello que hace resonar su melodía, aquello que la apaga y aquello que la silencia.
Cuando el ser vibra en la frecuencia de su melodía única, puede discernir fácilmente cuál es el camino a transitar.

La Voz de Gaia

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