Tras bambalinas…, mente en blanco

Hay momentos en los que la inspiración, la musa, no está; la antena que comunica con la emisora del universo parece que se hubiese roto; el wifi interestelar decide no estar disponible (al igual que el terrestre)… Mente en blanco. Como si la Naturaleza se hubiera enfadado con ella y hubiese decidido estar en su contra.

Eso es lo que piensa jajajajaja ¡Cómo me divierte! ¿Por qué habría de avergonzarme? Soy la sombra de ZA y sí, me divierte, y mucho, la rabieta. ¿Por qué? Porque esa es mi misión, provocar escozor, picor, dolor, náusea y otras tantas cosas para que ella se dé cuenta de que ¡yo también existo! De este modo evito que le ocurra lo que a Peter Pan, a quien Wendy le zurció su sombra. ¿Te imaginas los desastres que podrían ocurrir estando separadas? No te haces una idea, lo sé. Bueno, no importa. Te dejo ahora para que leas lo que se escribió en el Despertar Femenino. ¡Quién sabe si esto pueda ayudarte! Si no, al menos espero que te rías como yo.

“La Naturaleza en mi contra… ¿De verdad?” Esta nube borrascosa planea sobre el cerrillo.

– Sé que no lo está, pero no me apoya. Y eso… ¡Eso es estar en mi contra! -rabieta de pajarita hacia la Naturaleza- ¿Cómo es posible? ¿Acaso no estoy haciendo lo que se supone debo hacer?”

Pausa. Silencio. Nada se mueve. El aire permanece quieto, las nubes están inmóviles. La anciana higuera, queda, al menos me sostiene. Ni siquiera los rayos del sol quieren jugar con los brotes de sus hojas haciendo destellos; tampoco el rocío apareció hoy. ¡Cuánto desearía que la voz de Gaia la hiciera temblar! Sin embargo, todo está quieto. El único en moverse es Alf, va y viene a su antojo, pero me ignora, no soy de su interés. Cascabel está centrado en sus cosas, tampoco él suena hoy. Azahara cogió su pluma y voló no sé dónde. “¡Mamitaaaaaa!”, grito a pleno pulmón. No responde. Estoy sola. Pues me voy. ¡A volar!

En los meses de otoño, invierno ¡y primavera! que no he aparecido por aquí… ¿Mente en blanco? No, la verdad es que no. Puede decirse que finalizó un viaje e inició otro. Es más, fue exactamente así. Ya se sabe, el final es siempre inicio de otra cosa. Bueno, pues esta cosa ha sido la que me ha dado un tortazo soberano. Y es que la escritora amaneció ella muy digna y con los brazos en jarras me espetó:

– ¡Ya estoy harta de esconderme tras el delantal del ama de casa!

– ¡Pues vaya! Si el delantal me lo pongo de pascuas a ramos, en fin.

– Menos guasa, que ya me has entendido. Te agradezco que me hayas dedicado un espacio, pero quiero sacar este libro del cajón.

– No, si tienes razón, lo sé, pero…

– ¡Pero nada!

¿Qué ocurrió? Que se puso en plan editora, pero a ella eso también le queda grande. Me hubiera gustado burlarme de ella, pero… La cuestión es que se cogió una rabieta monumental.

– ¡O lo solucionas, o desaparezco!

– ¡Cáspita! ¿Ahora que empezábamos a entendernos y habíamos cogido el tranquillo a la conciliación entre vida laboral y familiar? ¡No puedes hacerme ésto!

– ¡Claro que sí!

Lo hizo. Me dejó sola a cargo del embolao este de la publicación, ¡como ella es escritora!. Volvió días más tarde, nada contenta, andaba de morros.

Mientras tanto…, mente en blanco. ¡Cómo es la guardiana! Me refiero a la mente. Ella no va de punta en blanco, sólo lo cree mientras realiza su labor de guardiana. Entretanto, me deja el lápiz con punta y el papel en blanco. “¿Acaso no debo ayudar a la escritora a vender?”, dice ella. ¡Un momento! Vamos por partes, ¿eh? Hago un pacto con la guardiana. Está de acuerdo, menos mal. Ahora me queda limar asperezas con la escritora.

– Bueno, hija. ¿Y si te digo que nos hacemos autoras-editoras y publicamos? Ya he encontrado quien nos haga parte del trabajo. Anda, di algo… Con esto te conviertes en escritora profesional.

Intento darle bombo…

– ¿Y el blog? -Salta la pajarita.

– Puesss… -me lo dice con esos ojos grandes e inocentes, implorantes, que no sé qué decir. ¿Es que esta niña no tiene suficiente con el papel, los cuadernos, que tiene que meterse en internet?

– Sabes que lo tenemos que hacer -dice muy digna la avecilla.

Está tan tiesa que parece triple de lo que es. ¿Quién dijo que los niños son pequeños monstruos? Me da un picotazo, la muy bribona.

– ¡Ya veremos lo que hacemos! ¡No me presiones! -Me gustaría saber dónde se ha metido la escritora refunfuñona. Podría echarme una mano con la pequeñaja.

– Te recuerdo que tenemos pendiente un asunto tú y yo.

– ¿Y tú? ¿De dónde sales?

– Soy el ángel Zacarías.

¡Qué sonrisa más encantadora tiene el bribón! Zacarías, sí, ya sé quién es. Una historia pendiente. La escritora se pone a ello, ¡y yo, qué caramba! Finiquito a la historia.

– Zoraida tiene razón.

Lo dice suave, tanto que creo que ha sido una alucinación. La escritora no es. No está. Volvió a desaparecer, hace días que no la veo. ¿Es Azahara, el hada? ¿Mamita tal vez? ¡Déjate ver! Nada. No hay nadie.

Al menos llegan libros interesantes que me recuerdan que yo también puedo volar, como la pajarita Zoraida. Reformo este espacio, aunque las tripas de este internete me suponga un tremendo dolor de cabeza. He puesto en marcha el engranaje de la publicación, aunque me provoque ansiedad. Plumita aparece todos los días (el hada está pendiente de mí, ¡qué linda!) y escribimos, aun cuando las historias no fluyan. Muchas permanecen en el estanque de la espera, hundidas o a flote. Probablemente algunas de ellas queden en el fondo como restos de naufragio. ¿Las que flotan? ¡Quién sabe si irán a la deriva y llegarán a una isla paradisíaca o si se convertirán en parte del paisaje submarino!

¿Mente en blanco? No. Iba a decir que he estado en barbecho, pero ¡ni siquiera eso es verdad!

El cristal multifacetado que soy

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