Un concilio a la sombra

Zoraida… A veces, más que una pajarita, parece una zorra. Alf también tiene esa mirada a veces. La verdad, asusta un poco. Y precisamente por esa forma de mirarme, como de refilón, y porque salta de aquí para allí como un gorrión -sin ser esa su naturaleza-, siempre a mi alrededor, decido preguntarle. Ya le di cancha, por así decir, pero sigo con mis dudas. Ella lo sabe. Así, me acomodo, respiro hondo y le pregunto directamente:

– ¿Por qué quieres el blog en tu vida?

– Porque quiero decir lo que no me dejas.

Esta respuesta no me la esperaba y los ojos se abren de más, pero sigo, tranquila y sin aspavientos.

– ¿Qué no te dejo decir?

– Que eres hermosa, que la vida es bella, que la Naturaleza está ahí para ti, que salgas a caminar, que metas los pies en una maceta, que ames aunque te duela.

Esto también me sorprende y te aseguro que no es la primera vez que me lo dice.

– ¡¿Para decirme todo eso necesitas el blog?! ¡¿Lo quieres para hablar conmigo?!

– Lo quiero para hablar con otros como tú, que se dejaron pisotear y se pisotearon. Quiero que vean lo hermoso de fuera y puedan verlo en su interior. Mira esta flor. ¿Es bonita?

No sé de dónde la ha sacado. Es una margarita amarilla. A su edad no me gustaban las flores amarillas. Ahora respondo rotundamente:

– Sí.

– Mira esto -Señala una caca de Alf que, por cierto, desde que toma un pienso natural, no apesta, sólo huele a caca-. ¿Es bonito?

Otra vez me ha pillado y no puedo evitar una mueca de sorpresa, que no de asco, y asiento con la cabeza.

– ¡Eres tú! Nada hay bonito o feo. Eso es un juicio. Las cosas son. Si las ves bonitas puede que se deba a que lo anhelas para ti y crees no tener, o porque realmente valoras lo que hay en ti. Si lo ves feo, es… ¡Respóndete tú!

Ahora no sé si se ha mosqueado o si el tono empleado se debe a la vehemencia que muestra. Insisto, algo me dice que hay más.

– ¿Por qué más necesitamos el blog? Dime.

– NA TU RA LE ZA.

Lo dice despacio, clavándome la mirada y silabeando fuerte, pronunciando con plena atención cada una de las sílabas. Me inyecta el poderío de Madre Tierra. Es tal el volumen de lo salvaje que me siento temblar. Entonces oigo otra voz:

– La Tierra está depurando.

Me doy cuenta de que también tiembla la higuera. ¡Es la voz de Gaia! Se ha acercado a pasos agigantados. Habla con su voz fuerte y dulce, severa y amorosa:

La Tierra está depurando. El caos que percibís: terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, sequías, incendios… Es el equivalente a una erupción cutánea en vuestro cuerpo.

La Tierra está en primavera y la energía de ésta llama a limpiar el hogar. Me habéis ensuciado y yo busco purificarme. ¿Soy cruel?

Ya sabéis cómo estoy hecha, sabéis de mis fallas, de mis cordilleras volcánicas…

¡No soy responsable de vuestra insensatez y cinismo!

Silencio. Le damos las gracias. Cuando abro los ojos, Zoraida ha desaparecido, voló.

– No te asustes -oigo bajito, muy cerca de mí, sigue aquí.

Susurra unas palabras al oído. ¿Me guiña un ojo? Creo que sí. La sonrisa de Gaia me tranquiliza. Desaparece la inquietud; y con ella, Gaia. Vuelve la calma a mi ser y confío en mi naturaleza; soy un trocito de Madre Tierra. Salgo de la sombra de la higuera. Me gusta el sol del verano porque su luz me intensifica, me hace más visible y es más fácil transmutarme.

La sombra de ZA

Deja un comentario